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domingo, 5 de abril de 2015

Un día para el perdón y los encuentros

mana Santa Un día para el perdón y los encuentros Elche cumple con la tradición de indultar a un preso el Martes Santo, en una emotiva jornada E. G. B./ FOTOS: A. AMORÓS/ S. FERRÁNDEZ 01.04.2015 | 08:07 Un día para el perdón y los encuentros en Elche Ver Galería Un día para el perdón y los encuentros A. AMORÓS/ S. FERRÁNDEZ Más fotos La Mater Desolata y el Cristo del Perdón afianzan su unión en Reina Victoria. La procesión estuvo marcada por la vinculación entre la Verónica y la Caída en la Plaça de Baix. Si hay un día con espíritu pedagógico en la Semana Santa, de los que dejan argumentos para la reflexión ya sea desde el punto de vista de la fe o de los valores, fue el de ayer: El Martes Santo pone sobre la mesa el «perdón» con el indulto a un preso, en el caso de este año un ilicitano que ha cumplido la mitad de su condena de seis años por un delito contra la SALUDpública y que ayer, en un simbólico acto de madrugada en la Plaça de Baix, RECUPERÓsu libertad. Ese gesto que es toda una tradición consolidada de la cofradía del Santísimo Cristo del Perdón (fundada en 1990) es quizás uno de los que más público atrae de los que se escenifican de madrugada, unas dos horas después de que la procesión parta del Sagrado Corazón de Jesús con la participación también habitual de la unidad de legionarios del acuartelamiento de Viator (Almería), con un rápido y contundente paso que nada tiene que ver con el resto de ritmos y cadencias de la Semana Santa. La procesión del Perdón también tuvo ayer otro momento especial, el que le unió a medianoche con la Santísima Mater Desolata, en un encuentro que se recuperó el año pasado después de varias ediciones sin llevarse a cabo y con vocación de mantenerse indefinidamente. Entre Reina Victoria y Marqués de Asprillas se escenificó el encuentro, de peso y poso simbólico y emotivo. La imagen de María tras perder a su hijo en la cruz, que el resto del año se expone en la parroquia de San Agatángelo, partió de una carpa por las pequeñas dimensiones de la iglesia al ritmo de «Mater», una composición de Manuel Ramos interpretada al piano y a viola. Alguna sorpresa guardaba la hermandad para el público, puesto que las mantillas y los pilares rezaron una salve antes de abandonar el barrio. La esencia penitencial y de recogimiento de esta procesión la llevó a sorprender también a última hora, ya cerca de la basílica de Santa Maria, cuando estaba acordado el apagado del alumbrado público en las calles San Jaime, plaça de La Fregassa, Obispo Tormo o Fira, en un recorrido mucho más íntimo que el de años anteriores, cuando se recorría la Corredora o el carrer Ample. La música es un elemento conductor especial de los pasos de la hermandad Mater Desolata, que de nuevo a las puertas de la basílica tenía previsto ofrecer la pieza compuesta para la virgen a viola y «Ai, trista vida corporal!» del Misteri d'Elx a la única voz de Laura Brotons. Antiguo Otro encuentro, el más antiguo de los que se escenifican en Elche, se celebró en la Plaça de Baix pasadas las 22.30 horas entre la Santa Mujer Verónica y la Caída de Nuestro Padre Jesús. Muchos ilicitanos tienen especial cariño al momento en que se sustituye el paño que lleva en las manos la Verónica, que al inicio de la procesión está limpio y tras encontrarse con Jesucristo en el camino del Calvario queda impregnado con la Santa Faz. La imagen lucía ayer manto y vestido recién restaurados por Bordados Escudero de Orihuela, que se ha EMPLEADO durante tres meses en devolver el aspecto original a piezas con veinte años de historia. La propia imagen ha sido restaurada por el ilicitano José Vicente Bonete Ruiz, recuperando la policromía de manos y cara y la propia talla, que fue portada por 94 costaleras, alumbrada por 210 cofrades penitentes y la Banda de Cornetas y Tambores de la Flagelación y Gloria de Elche y la Banda de Tambores de la Verónica, con 25 miembros, además del nuevo portaestandarte, Roberto García Sánchez. En cuanto al «Pas de la Caiguda», la cofradía apostó ayer por un significativo cambio de horario y de itinerario, lo primero para acabar antes por el bien de los numerosos niños que participan en la procesión, y lo segundo para intensificar el recorrido por el barrio de San José y el Pla, con la intención de pasar oficialmente por el asilo en estación penitencial (hasta ahora, la cofradía pasaba por allí en lo que se denomina «la mudá», el traslado previo). La imagen estrenaba una túnica –morada, lisa y sin bordados, donada por los hermanos– y una falla floral que se pudo ver en octubre en la salida extraordinaria. El cambio de itinerario para agilizar la vuelta a San Juan obligó también a variar ligeramente el encuentro, realizándolo en el extremo de la Plaça de Baix más próximo al puente, con la intención de que el paso de la Caída no tuviera que desplazarse hacia atrás. El Martes Santo, sin embargo, había empezado bastante antes, aún a la luz del sol y desde la parroquia de San Juan, con la joven hermandad y cofradía de la Sagrada Lanzada del Santísimo Cristo de las Penas y Dulce Nombre de María Santísima, estrechamente vinculada al colegio Nuestra Señora del Carmen (Carmelitas). La imagen de la Virgen del Dulce Nombre estrenó una llamativa corona en plata y marfil con motivos ilicitanos (desde el escudo de la ciudad al de la hermandad o la congregación de Carmelitas) en su segundo año en procesión. Los fieles le tenían reservadas al palio dos «petaladas», una de ellas en El Raval y otra en la Plaça de Baix, y una de las novedades más llamativas fue el cortejo musical, que consistió en cuatro bandas y unos 250 músicos en total (la Banda de Cornetas y Tambores de san Juan Evangelista de Guardamar en la Cruz de Guía, la banda propia de niños de la hermandad tras el paso infantil, la Banda de Cornetas y Tambores de la Expiración de Huesca tras el Paso de Misterio de La Lanzada y la Sociedad de Arte Musical de Rafal cerrando la comitiva, tras el paso del palio). También la Virgen de la hermandad de la Oración en el Calvario estrenó una diadema de plata donada y arreglo floral, en un trono mixto con 45 costaleros al estilo granadino (es el primero de la Comunidad Valenciana y segundo de España en el que participan mujeres a ese estilo) con tres imágenes, en las que se representa a María Santísima del Calvario, Santa Maria Magdalena y Santa María de Celofás, a las que acompañaron miembros de la Policía Nacional, entre ellos el comisario de Elche, Antonio Selva. Y es que hubo tarde y noche de los niños, pues además del paso infantil de La Lanzada se pudo ver el trono de niñas de la Verónica (con 48 niñas de entre 8 y 14 años) y la numerosa participación de pequeños cofrades del «Pas de la Caiguda». Seis hermandades y cofradías prometen dejar hoy, de nuevo, momentos únicos que cada año, pese a ser fieles a la tradición, tienen un color y un sabor distintos. (NOTICIA Y FOTO PUBLICADA POR EL DIARIO INFORMACIÓN)

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